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El Salvador por culpa de Marco Antonio Solís

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La sorpresa

Este viaje no estaba en los planes. Yalaniz ganó un dinero y decidió, sin avisarme, que íbamos a El Salvador. El motivo oficial era ir a ver a Marco Antonio Solís, que se presentaba allá. El motivo real — lo supe después — era que ella tenía ganas de regalarnos algo juntos. Crédito a quien lo merece: este viaje lo costeó completamente ella.

Un viaje distinto a los demás

A diferencia de Argentina, este fue un viaje sencillo. Sin itinerarios apretados, sin exprimir cada hora. Reservamos con tiempo, llegamos temprano y nos dimos lujos que en otros viajes no nos dimos — como alquilar un auto.

El Suzuki Baleno

Nos dieron un Suzuki Baleno automático. Lo odié. El automático nunca me ha parecido cómodo, se siente artificial y desconectado, como si el auto decidiera por mí. Prefiero mil veces un manual. Pero bueno, era lo que había y no íbamos a quejarnos por eso. Sirvió para movernos sin depender de nadie y eso, al menos, lo agradezco.

La foto que se volvió sensación

Otro momento que vale la pena recordar de ese viaje fue cuando Yalaniz se puso su traje de baño y se tomó unas fotos en Cadejo, un restaurante famosísimo a la orilla del mar, construido sobre una especie de acantilado. El mar rompiendo abajo, las rocas, las palmeras, el atardecer… el lugar habla solo.

Esa foto se la puso de estado y la gente no paraba de preguntarle dónde era, qué lugar era ese. De las que sí generan impacto.

Yalaniz en Cadejo

El concierto: la razón de todo

La organización fue un desastre. El concierto se atrasó un montón, casi dos horas. Pero Marco Antonio canta genial, ese viejo no le pasan los años. Aunque, otra vez por la organización, la pantalla principal se apagó. Y como el show tardó tanto en arrancar, la gente ya estaba ebria y creo que ya ni sabía lo que cantaba jajaja.

Al final, pudimos ir a un apartamento que un amigo de Yalaniz nos consiguió, descansar un poco, devolver el auto al día siguiente y agarrar vuelo de regreso a casa.

El Salvador nos regaló algo simple pero especial: tiempo sin estrés, un concierto memorable y la confirmación de que los mejores viajes a veces son los que nacen de un impulso de Yalaniz.

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